Crítica de “Mortal Kombat”: Brutal y sangrienta, ¡esto sí es una verdadera fatality!

Lo que todos los fanáticos esperaban.

Mortal Kombat

Las adaptaciones de videojuegos nunca lograron una buena reputación. Tras innumerables intentos desastrosos de recrear en la gran pantalla historias de consolas, este proyecto tenía una gran presión encima. Afortunadamente, más allá de sus notables errores, la reciente película de Warner Bros. logró que las nuevas generaciones disfruten de una experiencia digna de sus noches de lucha frente al televisor.

Creado en 1992 por Ed Boon y John Tobias como un juego de arcade, las artes marciales intergalácticas evolucionaron a través de numerosas etapas, siempre destacando su violencia y sus movimientos de batalla. Sin embargo, su valor nunca gozó de brillar fuera de las consolas: dos cintas live-action, dos animaciones y tres series para TV no pudieron alcanzar siquiera en conjunto la calidad que los admiradores de la franquicia merecían… hasta ahora.

Dirigida por Simon McQuoid, “Mortal Kombat” es el resultado de más de una década de planes que comenzaron a tener forma cuando Warner Bros. Pictures adquirió Midway Games y decidió que era momento de realizar un reboot de los títulos que significaron un fracaso crítico y comercial para la franquicia. Protagonizada por Lewis Tan, Jessica McNamee, Josh Lawson, Tadanobu Asano, Mehcad Brooks, Ludi Lin, Chin Han, Joe Taslim e Hiroyuki Sanada, la historia tiene como escenario el eterno enfrentamiento entre Sub-Zero y Scorpion, dos luchadores legendarios cuyo último encuentro marcó la grieta entre los competidores de la Tierra y del Otro Mundo. Los últimos mencionados están a una victoria más de tomar el control, pero no si Cole Young y su equipo de principiantes pueden evitarlo. ¿Cómo? Con el poder de una herencia que busca venganza.

Desde su inicio, McQuoid deja en claro que esta no va a ser otra vergonzosa adaptación. Con un intenso prólogo, el director remarca por última vez su promesa de obsequiar una memorable clasificación R. La brutalidad, la sangre y los movimientos de lucha son, al igual que en el juego, el mayor atractivo de la película. Puede que no tengas problema en tolerar la violencia desde tu televisor y con un mando en la mano, pero es probable que la gran pantalla te saque más de una mueca de desagrado. Las fatalities están presentes en cada pelea y más explícitas que nunca, de forma que no dejan espacio a tramas dramáticas y explicaciones lógicas que a nadie que vaya a ver esta película le interesarían. Es un absurdo espectáculo de acción, que teletransporta al espectador hacia el campo de batalla que lo acompañó durante su infancia.

Cabe destacar que esta es una gran oportunidad para disfrutar del lore del videojuego. Si bien jamás podrían forzar tres décadas de desarrollo en dos horas de metraje, se percibe la esencia de su universo en los detalles cinematográficos. A través de un nuevo champion que se utiliza como excusa, se explica desde cero el origen de la pelea ancestral y sus macabros participantes. Con un soundtrack inspirado en la música original del arcade y algunas tomas épicas, cada personaje se presenta con ese aire místico que, seas gamer o no, te hace sentir que es importante y que, posiblemente, un jugador sentado en la butaca de al lado está emocionado. Además, hay que mencionar que las profundas e interesantes tramas en títulos de consola son sumamente infravalorados, lo que es cuestionable si tenemos en cuenta que pueden ser incluso mejores que muchas películas exitosas. Ejemplos sobran en todo tipo de géneros: “Silent Hill”, “Resident Evil”, “League of Legends”, “The Last of Us”. Es motivador saber que, por primera vez, la industria audiovisual realmente promete adaptaciones que identificarán y compartirán el valor de las obras que buscan representar.

Aunque, no debemos dejar que la alegría de ver un film relativamente digno nos haga olvidar los errores. No vamos a hablar sobre la falta de profundidad o el guion que se desvirtúa, porque nadie debería esperar eso de este tipo de cinta. Su verdadero fallo está en las apuestas que no funcionaron: de la misma forma que sus antecesoras, “Mortal Kombat” se aprovecha de un humor que desconecta al espectador de la trama. En otras palabras: cuando cortás un momento serio con un chiste precario, el único pensamiento que te queda es que, lo que estás viendo, es igual de malo. Más, la peor equivocación que comete McQuoid es desaprovechar el gran finale. La estructura del relato tiene como base un enfrentamiento que culmina en una última batalla que uno esperaría que se destacará… pero no. El tercer acto baja su calidad incluso en los enfrentamientos exhibidos. Se precipita y pierde coherencia, no deja respirar a una audiencia que deseaba con ansias completar un círculo que apenas se percibe cuando está a punto de finalizar. Es prácticamente lógico que, antes de una escena importante (de hecho, la más importante), tenés que dejar unos minutos de calma que permitan que el vidente se prepare para lo que vendrá. En este caso, todo sucede tan rápido, sin aviso y unido a las anteriores secuencias que, como consecuencia, se desperdicia.

“Mortal Kombat” es la mejor adaptación de la franquicia y brilla con el color de la sangre que salpica sobre sus espectadores. Cumple con la orgía de violencia que los fanáticos esperaban desde 1995 y deja con ganas de una ansiada secuela que continúe con la expansión de su mitología, y por qué no, con algunas fatalities más. Corré hacia tu cine más cercano y disfrutá de su brutal experiencia cinematográfica.