Crítica de “Moving On”

La película se encuentra en la sección Competencia Internacional.

En este 2020, la pandemia arrasó con numerosos eventos. Pero, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata no fue uno de ellos. De manera virtual y totalmente gratuita, este espectáculo de clase A comenzó el 21 de noviembre y terminará el 29 del mismo mes. Cuenta con más de cien largometrajes y cortos para que puedas sumergirte en una experiencia inigualable. Una de las cintas que se encuentra compitiendo por el Astor Piazzolla es este film de género dramático.

Dirigida por Yoon Dan-bi, esta producción surcoreana nos muestra el debut de la cineasta. Fue presentada en el Busan International Film Festival, donde ganó cuatro premios. Su año de estreno fue 2019, el mismo en el que una película de dicha nacionalidad hizo historia en los premios de la Academia. Debido al surgimiento de “Parasite”, el cine coreano comenzó a tener más visibilidad a nivel mundial. Y, si bien las que más llaman la atención son las de terror, acción o artes marciales, hay un género que es muy importante en la cultura asiática: el drama.

En “Moving On” vemos a una adolescente llamada Okju, quien, junto a su padre y su hermano, se muda a la casa de su abuelo. Este es el inicio de la historia, un comienzo sumamente largo, detalle típico de las producciones surcoreanas. Conforme va avanzando la cinta, se nos empieza a presentar los problemas de cada uno, que no son un pilar fundamental para la trama, sino que son para conocer a cada personaje y para dar un contexto a la situación.

A la casa llega una nueva integrante, su tía, la cual se encuentra enfrentando un momento complicado en su vida. La protagonista se siente contenida con el arribo de este familiar, debido a que escucha sus problemas y hace de madre, ya que ésta la ha abandonado. La falta de dinero por parte del padre de Okju, y el maltrato que su tía recibe de su esposo, son la razón de que se reúnan todos en ese hogar. Pero no es lo único con lo que tienen que lidiar, ya que florece un problema mayor: la enfermedad del abuelo.

Un cambio de rutina y de sentimientos. La joven Okju debe crecer de golpe al batallar con las circunstancias de la vida. De repente, pelear con su hermano por “haberla traicionado” parece poca cosa. Las ganas de hacerse una operación estética y hacer problema por ello ante la negativa de su padre, también. Todo cambia de un momento para el otro cuando fallece su abuelo. Una postal, con imágenes de felicidad y muchas, de tristeza. Bailes, música, risas. Llanto, dolor, infelicidad.

Un detalle a destacar es la conexión entre los hermanos, la actuación de ambos es sobresaliente. Además, hay momentos en los que “menos es más”: la escena en la que se encuentran en el auto, yendo al velorio de su abuelo, es una de las más lindas que nos ha presentado Yoon Dan-bi; sin decir una palabra, vemos la unión entre estos dos familiares. Si bien hay varios momentos de discusión entre ellos, podemos ver que se enlazan a la hora de enfrentar una adversidad.

Una película con una narrativa sumamente simple, y extremadamente extensa. Dice poco y mucho a la vez. Podríamos decir que uno de los momentos más conmovedores es la muerte de esta persona de avanzada edad, pero todo depende de la sensibilidad de cada uno, puesto que no se lo presenta como un ser muy cálido, tampoco ahonda mucho en su persona, ni tiene una cualidad para ser distinguido. Sólo lo vemos como un abuelo, que ya carga con muchos años y que se lo pasa acostado o sentado, tranquilo, callado. Uno de los momentos en los que lo podemos ver haciendo lo que le gusta es cuando riega sus plantas o baila una canción, pero no va más allá de eso. Se lo muestra como un humano real, y poco le podría llegar a tocar en el corazón a los espectadores su deceso.

Claramente, si lo que uno busca es una cinta taquillera, quizá algo más al estilo de la obra de Bong Joon-ho, esta producción no va a ser muy agradable del todo. Acá veremos un relato más duro, más real, y lento (como la vida misma).