Crítica de “Pieces of a Woman”: el dolor desde distintos puntos de la vida

Manzanas, una casa marchitándose, un puente en proceso y un juicio. Este es el nuevo éxito de Netflix del que todos hablan.

Pieces of a Woman

Dirigida por el hungaro Kornél Mundruczó y producida por Martin Scorsese, esta historia protagonizada por Vanessa Kirby, Shia LaBeouf, Molly Parker, Ellen Burstyn, Sarah Snook, Iliza Shlesinger y Benny Safdie (sí, el cineasta) presenta una profunda interpretación sobre las distintas formas de duelo y dolor. Tras la muerte de su bebé recién nacido, Martha Weiss, su pareja y su familia deben enfrentarse a una nueva vida, marcada por la inesperada tragedia, que termina en un mediático juicio. Es importante tener en cuenta que la cinta se basa, en parte, en la experiencia de su guionista Kata Wéber y el realizador, quienes perdieron un hijo. Agregaron a su vivencia una noticia que salió en Hungría en 2010, sobre una partera que enfrentó cargos penales relacionados con las muertes de los nacimientos en los que participó. Debido a esto, saben de primera mano cómo querían mostrar este tipo de agonía.

Desde su inicio, la película te ofrece la experiencia de sumergirte y ser parte del relato. El público pasa de lo íntimo y emotivo, a la distancia y frialdad, y luego nuevamente a una zona cálida. Al presentar la secuencia del nacimiento como una larga toma sin editar, el espectador es testigo del evento que luego servirá de evidencia en la conclusión. De esta forma, y al igual que sucede con los personajes, cada usuario percibe de manera diferente los sucesos. Algunos con asombro, otros con tristeza, impotencia y hasta asco. Y así, variará y se transformará su situación personal en la siguiente hora. En mi caso, la escena del parto, que se muestra natural y complicada como realmente es, me generó ansiedad. Se siente que algo saldrá mal, el terror, y es inevitable sentir empatía por la fuerza de la imagen y el sonido. Se complican las cosas, aparece el miedo y la incertidumbre, que derivan en el momento más feliz convertido en una desesperante situación. Incluso la reflexión final que la misma protagonista hace, ayuda a aliviar la sensación angustiante que lleva consigo la audiencia.

Una de las mayores críticas que recibió este título, es que se da el lujo de la lentitud. Es un profundo drama que se toma su tiempo para llegar de un punto al otro. De hecho, muchos consideraron que tener la experiencia de haber disfrutado “Marriage Story” les serviría para poder afrontar este nuevo relato. Sin embargo, la diferencia entre uno y otro es que, el film de Noah Baumbach, goza de un ritmo e imagen más atractivos. Esta obra se mantiene en un tono apagado, que solo se transforma ya cuando el guion llega al mundo transformado (escenas finales). Aunque, hay una similitud que se debe respetar de ambas: no es la trama, son los personajes. Mundruczó prioriza el desarrollo de los personajes para avanzar en la historia. Y se puede ver en cada detalle. La construcción de las escenas con los elementos materiales que la componen, las decisiones detrás de la fotografía (planos, angulaciones, dónde ubicar la cámara y por qué) e incluso las transiciones, acompañan y complementan la evolución interior de cada papel.

Un ejemplo de esto es uno de mis detalles favoritos: el significado de las manzanas. Luego del fallecimiento, vemos a la protagonista comer aquella fruta en reiteradas ocasiones. En la escena del juicio, ya en el último tramo de la cinta, conocemos el por qué. Cuando le preguntaron sobre la bebé, ella dijo que olía a manzanas. Comerlas, fue parte de su duelo. Es interesante porque, justamente en un momento en donde su madre la atacaba con el argumento de que no le importaba lo sucedido, Martha ríe y muerde una manzana. Además, en el epílogo, podemos ver a Lucianna (la pequeña que concibió tiempo después) escalando un árbol de manzanas, en lo que (considero yo) es una escena que muestra cómo el personaje renació y tuvo su segunda oportunidad, y a la vez, busca homenajear el espíritu de la niña que murió. De la misma forma, notamos los agregados significativos en la casa. Mientras existía el dolor desconsolable en el ambiente, el hogar se encontraba completamente marchito. Pero, ya con la situación interna de la protagonista solucionada (cuando descubre cómo afrontar lo que pasó, a través del amor de su hija y el legado que quiere que deje), todo se vuelve más luminoso, acomodado. Fue una limpieza, que se materializó de forma externa como manifestación de la psicología de Kirby. Así se maneja la cinta a lo largo de sus dos horas, con imágenes que acompañan y aportan en el desarrollo interno y el alma de la historia.

Como mencioné anteriormente, la película se enfoca en representar las diferentes formas de lucha de los personajes. Mientras Sean es agresivo, grita y no controla el dolor en su interior, su compañera busca mitigarlo y afrontarlo desde su intimidad, de forma silenciosa. La cámara sigue con frecuencia a la estrella de “The Crown”, para apreciar las reacciones que nadie nota. A la vez, el papel de Burstyn desea hacer justicia por medio de una profunda necesidad de depositar la culpa en un nombre. Por supuesto, el director establece ingeniosamente el origen de cada percepción. La madre de Martha cuenta la historia de una luchadora, que desde el principio le impuso su fuerza y derechos al mundo; mientras que ella es una mujer que creció con dinero y privilegios (hecho que vemos gracias al domicilio y actitud de su progenitora), por lo que podemos asumir que este fue el primer desafío que no pudo superar; y por último, su pareja se considera a sí mismo “pobre”, motivo que deriva en su reacción hacia la tragedia. La relevancia del desarrollo de los papeles aumenta con las destacables interpretaciones. Debido a que el largometraje se apoya en la psicología de sus personalidades y no en el avance de la trama, es todo un desafío alcanzar el nivel necesario. Sin embargo, Kirby, LaBeouf y Burstyn brindan actuaciones que exhiben su inmenso talento.

Por otro lado, además de la lenta trama, también se habla de hilos sin resolver. ¿Qué sucedió con Sean? ¿Quién ganó el juicio? ¿Importa realmente? No, la historia deja en claro el enfoque que quiere abarcar y se sostiene sin necesidad de resolver dichas incógnitas. Y, de no ser así, me apoyo en las declaraciones de Pete Docter (cineasta detrás de “Soul”, otra obra en tendencia) para responder a la necesidad de resoluciones por parte de la audiencia: “Es mucho más poderoso darle la decisión al público. Sé que a veces la gente se siente frustrada por eso, pero si puedes plantar algo que permita que una imagen crezca en la propia cabeza, podrán ser un participante activo en eso. Y lo que sea que se les ocurra será más real en cierto modo y más emocional que cualquier cosa que les demos”, comentó, refiriéndose a que, cuando no es correctamente necesario (si es que existe una forma correcta de hacer arte más allá de la técnica), es mejor sugerir que mostrar.

Un drama natural, que se puede ver en la cotidianeidad. Que como dice el lema del famoso canal de televisión: “Pasa en el cine, pasa en la vida real”. Con grandes actuaciones y un director que sabe lo que quiere, “Pieces of a Woman” es una cinta emocional que te sumerge en los distintos fragmentos de una rotura que busca sanar.