Crítica de “El Hoyo”

En estos días de soledad y aburrimiento debido a la cuarentena, no es una sorpresa que Netflix haya decidido liberar un nuevo éxito que generó controversia en la masas. Nuevamente, la famosa empresa lo logró. En cuanto a entretenimiento, en medio de una pandemia que obliga a las personas a encerrarse en sus casas, es irónico, pero solo se está hablando de “El Hoyo”.

Dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia y ganadora de múltiples premios, esta nueva película española presenta un futuro distópico, donde prisioneros se alojan en celdas verticales por la cual baja una plataforma repleta de comida que todos deben compartir. Los de arriba se aprovechan, los de abajo mueren de hambre. Una pesadilla donde solo sobrevive el más fuerte.

Para comenzar, es importante tener en cuenta que esta historia fue planteada para el teatro en un inicio pero terminó siendo adaptada a un guion audiovisual. Es importante aclararlo, porque en el film se pueden sentir algunos elementos característicos del mundo de la dramaturgia. Entre ellos la repetición de ciertas palabras, frases u objetos como recurso de limitación y memoria al formar personajes, siendo el mejor ejemplo de esto la figura de Trimagasi. Incluso el mismo director confesó que, entre variadas referencias, utilizó “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, un poema antiguo que se empleo en las primeras interpretaciones teatrales.

Debido a esto, el film tiene un tinte teatral en un comienzo, que luego se irá descomponiendo hasta llegar al producto final: un viaje perturbador que cuestiona y expone totalmente la naturaleza del ser humano. Esta cuestión ya ha sido vista en múltiples obras. Una de las más conocidas, en “The Dark Knight” de Christopher Nolan, mejor conocida como la última interpretación del brillante Heath Ledger. Podemos ver cierta similitud en la escena donde el Joker quiere explotar dos barcos y les deja esta decisión a los tripulantes de los mismos para probar su moral y cómo ante situaciones de peligro, las personas solo buscan la supervivencia como animales, dejando entrever una línea de grises donde el bien y el mal dejan de existir. “Queríamos enfrentar al espectador al egoísmo y la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. El ser humano es, en mi opinión, una especie miserable. La película habla de luchar contra lo que somos de nacimiento: una bola de egoísmo, que llora y llora, y pide y pide”, reveló el director.

Continuando con la película, podemos considerarla como un proyecto independiente que supo aprovechar sus recursos. El escenario fue construido estratégicamente junto con la plataforma, mientras que todo lo demás es un gran trabajo de postproducción. Con un guion estable, decide centrarse únicamente en lo que plantea, dejando el resto del universo que presenta al espectador. Con referencias directas a “Cube” (aunque el director haya omitido ese detalle a la prensa) es necesario aclarar que este relato no trae consigo ni lucha de clases ni de poder. Un día estas arriba y al otro día abajo. “El Hoyo” explota a sus habitantes quitándoles ese privilegio de ser, llevándolos de un extremo al otro hasta caer en la locura. Como bien cuenta Trimagasi, sólo existen tres tipos de personas en aquel lugar: el de arriba, el de abajo y el que cae. Solo la suerte dicta quien te toca ser cuando despertas.

La historia solo se centra en lo que sucede abajo. Lo que me lleva al único error. Aunque sea algo subjetivo, creo que se perdieron de la posibilidad de darle un mayor trasfondo, contexto, historia al mundo planteado. Los indicios de lo que sucede arriba son lo mínimo indispensable para que el espectador tenga una base para comprender mejor el relato, mostrando un ambiente similar a lo que sucedía en El Capitolio en “The Hunger Games”. Esto permite que cada uno interprete, le de lógica y extensión al universo de una forma distinta, pero al mismo tiempo hubiese sido interesante una mayor profundización.  Y si hablamos de aprovechar, una fotografía que transmita locura y encierro también hubiese logrado una mejor experiencia.

Considero que lo mejor del film es el argumento que presenta. El cual, en este caso, el director optó por guiarlo hacia un camino menos comercial y más artístico, llevando a un extremo violento y desagradable cada situación presentada. De esta manera, llega a un punto en donde se vuelve un experimento social tanto por dentro, por lo que deben vivir los presos en el hoyo, como por fuera, por lo que debe resistir el espectador viéndola. No solo por la sangre y los golpes. El film transmite olores, texturas, sensaciones, algo también típico de la obra teatral, gracias a  Antón Chéjov con una de sus obras maestra: “La Gaviota”.

Por mi parte, considero que la película traspasa el limite de lo desagradable de tal manera  que hasta se pierde el interés por el escenario que presentan. Más que mirarla por ser entretenida, probablemente a más de uno le pase que se quedara viéndola por el morbo y para ver cómo termina el relato del personaje. De igual manera, recomiendo verla para poder obtener un acercamiento al cine independiente aunque sea por una plataforma que sobrepasó el límite de lo comercial, y para presenciar un verdadero experimento social que goza de riqueza para analizar, y terminará poniéndote a prueba a vos mismo.

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