Crítica de “La Casa de Papel 4”

Tras una tercera temporada que dejó en descontento a un gran porcentaje del público, la reconocida serie llega con una nueva entrega. En un gran contexto donde solo se puede consumir sin parar, logra superar a su antecesora, más no a las dos primeras partes. Pero, ¿cuál es el verdadero problema de esta historia? Además del hecho de haber sido una temporada que se podía haber resumido en la mitad de episodios, el verdadero enemigo de la banda del Profesor es, nada más y nada menos, que Netflix.

“La Casa de Papel” fue un proyecto que solo tuvo éxito una vez que ingresó en la gran plataforma. Antes de ello, el reconocimiento que tenía era ínfimo, comparado con la emoción que obtiene ahora. Pero vender su alma al diablo implica más cosas que, solamente, recibir el cariño de millones de fanáticos que se desesperan por ver lo nuevo -con el objetivo de no sufrir ningún spoiler, siendo aquel sistema ya naturalizado el mayor logro de la N roja-.

La mayoría de los errores que rodean a la serie tienen que ver con su traspaso al mundo comercial. Esto es algo que se puede ver, de forma muy chocante, en la parte tres. Los productores -al tener una respuesta negativa de la audiencia- trataron de equilibrarlo en esta temporada, logrando un producto más tolerable y cercano al ritmo que manejaba en su inicio, pero con características que continúan dañando la historia. 

Hablemos de los errores más notables:

En un comienzo, se puede percibir que la fotografía intentó probar un camino distinto y, al hacer esto, bajó la calidad de la imagen. Al igual que ese cambio en el clima cada vez que alguien apunta con la pistola a otra persona, algo que no se cansaron de explotar, como si la primera vez hubiese quedado bien; o la música de tensión, en una escena de nula construcción de imagen, para dicho momento estresante. Ni hablar de recursos gastados, como el momento en donde todos se apuntan entre sí, intentando crear una atmósfera que… ¡ups! Ya sabemos cómo terminará, básicamente, porque lo usan en cada una de sus entregas. Al igual que la escena infaltable, que busca ser un alivio out of context, cuando Úrsula Corberó y sus amigas se juntan a bailar en la habitación.

Y si de los personajes hablamos, un dilema que surgió a lo largo de este relato es el hecho de que, si Tokio no estuviese en el plan, todo sería mucho más fácil o directamente hubiese salido bien de entrada. En esta ocasión, totalmente conscientes de aquello, los creadores intentaron darle al papel un motivo por el cual estar ahí dentro, además de ser la chica del monólogo interno -que cabe destacar, perdió efecto-, algo que a medias y maltratando un poco su esencia inicial, lograron. Aunque sigue siendo obvio que su participación en el atraco no tiene mucho sentido. Siguiendo con esto, ¿no da lástima ya que Ángel sea, aparentemente, el único capaz de atrapar al grupo y que no lo dejen participar ni le hagan caso? ¿Alguien sintió su presencia esta temporada? No, porque fue nula. Al igual que la intervención de Arturo, que perfilaba a ser uno de los personajes mejores realizados, y terminó siendo alguien que aparentemente entró con el único objetivo de acosar mujeres y molestar un rato a Denver -de quien hablaremos más adelante- para que después tengan sentido las innecesarias peleas entre él y Mónica (que incluso quedaron desubicadas en algunas escenas, dejando una incógnita: ¿Qué pensaba el guionista al momento de redactar sus problemas maritales en medio del banco?). También resulta preocupante lo que sucede a la hora de incluir papeles de más, algo inverosímil, teniendo en cuenta el discurso de la primera temporada: que eran pocos porque era lo más seguro.

Siguiendo con el recurso nada creíble, que parece será algo cotidiano en esta historia (y sin ánimos de hacer spoiler), estamos seguros de que a todos les hizo ruido la escena del tiroteo, la cual no tiene un gramo de verosimilitud. Se asume que quisieron ponerle un poco de acción al ritmo europeo de las primeras temporadas, pero mal construido. Una recomendación es que no intenten explotar una granada en un ascensor con ustedes dentro, porque les puedo asegurar que aquello no será lo que pasará. 

Antes de pasar a lo bueno de la nueva entrega (aviso: este párrafo y el que sigue tendrán spoilers) es importante resaltar el mayor error: la muerte de uno de los integrantes del grupo. Toda esta parte cuatro estuvo construida de tal manera que parecía que uno de ellos, en específico, iba a caer, pero sorpresivamente resultó ser otra persona -con quien ya había utilizado esa sensación de riesgo, ese miedo de que posiblemente le puede suceder algo- por lo cual se implementó un recurso de guion barato: darle esperanzas al espectador de que dicha figura se salvó para después hacerle eso. Y más si ese papel es el de ella.

Nairobi representaba en la serie un símbolo de lucha, a quien asesinaron desarmada, de espaldas y en su momento más débil. Aunque, a pesar de ello, hay que admitir que fue bueno lo que sucedió después, ya que lo que generó con su muerte fue el efecto de batalla en sus compañeros, que dejó a sus enemigos por debajo de ellos. Pero al mismo tiempo, ¿era este maltrato lo que merecía su personaje? Una participación nula, salvo el episodio en el que la asesinan, donde aparece una trama sumamente positiva entre ella y el Profesor, que solo sirve para que su muerte le duela más al público; y un discurso forzado de fan service desde el feminismo que su papel representa. No podemos negar que la escena donde se reencuentra con el resto de los miembros fallecidos es emocionante, pero lo que hicieron con su personaje roza el insulto, tanto para ella como para el público.

Cabe destacar que hubiese sido interesante que indaguen en la psicología de los personajes. Que las decisiones que toman no sean caprichos, sino causa y efecto. O la inteligencia que roza lo inhumano del Profesor, una maquinaria que solo podría surgir de un psicópata.

Por otra parte, omitiendo todos los errores, es agradable que continúen con su elección de villano: una embarazada. Un símbolo de vida que solo busca la muerte, sin ninguna gramo de la sensibilidad de una madre. Y el contraste que hicieron entre ella y su marido, al momento de contar un poco de su backstory, fue interesante. Algo bien hecho, básicamente, así como también la subtrama con Berlín, que conduce al inicio de la primera temporada en el final de ésta. Esperemos que dejen ahí esos recuerdos y busquen seguir explotando el recurso desde otro personaje. Y sin dudas, ver a Rodrigo de la Serna en este proyecto es un placer al espíritu nacional. Su historia de amor con Pedro Alonso ha movilizado más que cualquiera que hayan intentado construir anteriormente.

Otra cosa que hicieron bien también, aunque podría haber tenido más protagonismo, es la participación del público y los medios en forma de apoyo hacia la banda. Formando parte del plan del Profesor, con una onda muy similar a lo conocido en “Black Mirror”, que sin dudas con un poco más de profundidad prestaría a un análisis sociológico.

En fin, otra temporada más donde podemos ver que cada vez que se naturaliza más un Deus ex machina, disfrazado de algún recuerdo sumamente conveniente del pasado, con escenas de innecesario drama y construcción de momentos “épicos”, con música especial y cámara lenta que dieron un poco de vergüenza. Ni hablar de que no se molesten en solucionar el hecho de que tienen en sus manos personajes básicos con el mínimo indispensable para subsistir, siendo Berlín el único que tenía una profundización que valía la pena. O el hecho de que las personas confunden el parafraseo, algo típico en los españoles, con un buen guion que contenga destacables diálogos.

Es una lástima, porque la serie posee todo el potencial necesario: una historia interesante, el público fanatizado, elementos que se pueden explotar a nivel marketing, un símbolo que utiliza y representa la sociedad. Que desaprovechen todo aquello, para pasar de lo artístico a un producto que únicamente sirve para llenar bolsillos ajenos, es triste. Solo queda esperar que esta serie no tome un camino similar al que sufrió la saga de “Rápidos y Furiosos”: un producto totalmente vacío, que carece de algo más que acción y un rumbo inverosímil, realizado completamente adrede.