David Bowie y el cine: el ícono cultural que llegó desde el espacio

Desde las estrellas, hasta los corazones de generaciones enteras. David Jones nació un 8 de enero de 1947 en Brixton, Reino Unido. En el aniversario de su muerte, te invitamos a rememorar a uno de los artistas más trascendentales de la historia.

Conocido como un ícono cultural, fue uno de los artistas más multifacéticos y vanguardistas del último siglo, y uno de los primeros artistas en no temer que marcaran su sexualidad. Convergiendo música, cine, pintura, artes escénicas y literatura, el cantante dejó su impronta por cada escenario por donde pasó. De esta forma, cada movimiento que realizaba, se convertía en una obra de arte. Sus piezas propias, en las que participaba, su estilo y su forma de vida, dejaron una marca que continuará vigente en la historia. Además de su legendaria carrera musical (destacada por su aporte al llamado Rock Glam), se percibe otro espacio donde encontró la felicidad. Contó con un basto repertorio cinematográfico, área donde pudo llevar a sus excéntricos personajes a la pantalla grande.

Podríamos decir que, de hecho, ambos caminos tuvieron su auge a la vez. Su primer disco lo lanzó cuando tenía apenas 17 años y era un joven que escapó de la tragedia al encontrar un espacio de expresión y refugio en el arte, para desglosar las numerosas versiones de su rebeldía. Sin embargo, fue a los 19 el momento en donde su nave encendió los motores: inspirado por la famosa película “2001 A Space Odyssey” de Stanley Kubrick, creó “Space Oddity” (1969), obra que se convirtió en la ambientación de la llegada del hombre a la luna. De esta forma, su obsesión y admiración por el espacio comenzó a crecer. Su fanatismo por conocer el exterior derivó en un profundo análisis que permite reflexionar sobre qué hay más allá de nuestro mundo, y se puede apreciar en gran parte de su repertorio.

Como tal, en el transcurso de los años, el artista creció impulsado por un cohete que algún día lo devolvería a las estrellas. Entre las obras que hacen homenaje a su querido espacio, podemos encontrar el tema “Life on Mars?” (1971), el álbum “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” (1972) y “Man Who Fell to Earth” (1976), largometraje de ciencia ficción dirigido por Nicolas Roeg que significó la primera incursión de Bowie en el cine como imagen principal de un relato. “Fue el primer papel que me ofrecieron en el que no tenía que interpretar a una estrella de rock”, dijo alguna vez el cantautor. A partir de aquel momento, encontraremos su extravagante y singular personalidad en más de 20 ocasiones en salas de exhibición.

Al destacar los filmes en los que participó, debemos nombrar -para comenzar- “Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” (1979, del cineasta D.A. Pennebaker), un documental donde presenta a su conocido alter-ego, Ziggy Stardust, una pieza fundamental de su vida y para sus seguidores. Personaje que formó parte de una época trascendental del músico, inspirada por uno de sus ídolos a seguir, el artista pop Andy Warhol. A ese título le siguieron en popularidad “The Snowman” (1982, de Jimmy T. Murakami y Dianne Jackson), donde realza su naturaleza camaleónica, y “Merry Christmas Mr. Lawrence” (1983, realizada por Nagisa Ôshima), un drama situado en un campo de concentración japonés durante la Segunda Guerra Mundial, que protagonizó dando vida a Jack Celliers. Pero, luego le siguió el punto cúlmine de su carrera cinematográfica: “Labyrinth” (1986), creada por obra y gracia del director Jim Henson, con un imprescindible aporte de la banda sonora de Bowie para completar la historia. En ella, interpreta al malvado Rey Jareth, quien impone el desafío de resolver un laberinto mágico a una joven Jennifer Connelly, para que pueda salvar a su pequeño hermano. Durante la década de los 80, se formaron los cimientos de su inmortalidad en la cultura pop al protagonizar esta película de fantasía.

Bowie también ha trabajado en filmes sobresalientes: para Martin Scorsese interpretó a Poncio Pilatos en “La Última tentación de Cristo” (1988); junto a David Lynch construyó a Philippe Jeffries en “Twin Peaks: Fire Walk With Me” (1992); y colaboró con Christopher Nolan en “The Prestige” (2006). Las cintas en las que David tiene apariciones dibujan, con movimientos espirales, figuras que se debaten entre lo real y lo ficticio, entre lo grotesco y lo sutil”, explaya Abel Cervantes de GASTV.

Pero su presencia en la gran pantalla continúa. Además, su voz se encuentra en innumerables cintas. Entre ellas: “Heroes” en “The Perks of Being Wallflower”, “China Girl” en “The Wedding Singer”, “Lady Grinning Soul” en “The Runaways”, “Cat People (Putting Out of Fire)” en “Inglourious Basterds”, “I’m not Afraid of Americans” en “Showgirls”, “I’m Deranged” en “Lost Highway”, “Modern Love” en “Mauvais Song” y “Rebel, Rebel” en “Charlie’s Angels”.

Fue una estrella fugaz que aún se mantiene viva por romper barreras, por la libertad de género y sexual, por desafiar estereotipos. Esta exhibición de la identidad, tan evidente y provocativa, conectaba con las necesidades de una generación que cada vez optaba más por el individualismo. En la llamada “década del YO”, los jóvenes se encontraban sedientos de esas demostraciones de identidad y autenticidad, precisamente, aquellas que David Bowie supo exponer mejor que nadie. Ya sea en el mundo de la música o el cine, fue un artista que dejó su huella en cada camino por donde transitó, e invitó a sus seguidores a experimentar y viajar con él más allá de los límites del tiempo y el espacio. Volviéndose así, un ícono cultural que retomó su lugar entre las estrellas de la misma forma en la que aterrizó en el mundo de los mortales: con un impacto inolvidable.