El día que Disney alteró en secreto las películas de Studio Ghibli

El ratón más famoso del mundo es amigable solo con su público.

mi vecino totoro studio ghibli

Los dibujos más famosos del cine y la animación japonesa mantienen un eterno enfrentamiento popular. Ya sea por diferencias culturales, historias con una clasificación considerable o el simple hecho de ser diferentes, las compañías asiáticas se ven usualmente discriminadas. No solo por los consumidores, sino por la misma industria que no comparte su contenido. Especialmente, la casa de Mickey Mouse manifestó cierta competencia, puesto que en numerosas ocasiones presentaron productos similares (cabe destacar que, en casi todos los casos, la empresa de Hayao Miyazaki tuvo la primicia de la historia que luego se copió en los títulos de Pixar). Ejemplos sobran: “El Castillo en el Cielo” (1986) y “Atlantis” (2001), “El Viaje de Chihiro” (2001) y “Coco” (2017), “Ponyo” (2008) y “La Sirenita” (1989). Si omitimos el último caso mencionado -en donde sucede lo contrario- hay que admitir que no es necesario que lo que cuenten sea idéntico, porque hay escenas que (literalmente) lo son. Quienes se dieron cuenta de esos detalles, se mostraron del lado de Ghibli y criticaron a la poderosa compañía. Sin embargo, jamás imaginaron que podrían llegar hasta otro límite.

Como bien dice la frase: del amor al odio hay un solo paso. Si bien siempre existió una rivalidad, las marcas fueron aliadas durante un periodo. En 1996, la empresa matriz de Studio Ghibli, Tokuma Shoten, se asoció con Walt Disney Studios, de forma que Buena Vista Pictures se convirtió en el único distribuidor internacional de las cintas japonesas. Tuvieron que pasar dos décadas y 15 largometrajes más hasta disolver el acuerdo. De acuerdo a lo informado, cada film fue alterado y redoblado sin permiso por el ratón antes de la redistribución. Además de mostrar una falta de respeto por el trabajo y la cultura ajena, el estudio tenía una estricta política de no cortes, debido al cambio que hicieron en “Nausicaä del Valle del Viento” (1984).

En aquel momento, Miyazaki le envió un “obsequio” a los responsables de la inesperada e inoportuna edición de sus obras (una sutil espada samurái con un mensaje escrito: “No más cortes”). Pero ahora, nuevos detalles suscitan el recuerdo. En “Sharing a House with the Never-Ending Man: 15 Years at Studio Ghibli”, Steve Alpert contó sus días como ex jefe de la división internacional en SB. Entre otras cosas, reveló el origen exacto de la política de “no cuts”, originada por un agresivo desacuerdo con Harvey Weinstein, el entonces encargado de Miramax, por su insistencia para editar la historia de “La Princesa Mononoke” (1997) para hacer que sea más “comercial” para el público estadounidense. Luego de esto, se mantuvo firme en cuanto a la modificación de sus películas (esta vez, sin armas blancas de por medio) pero no pudo contra Disney. Por ejemplo, contó que a la versión en inglés de “Kiki: Entregas a Domicilio” (1989) se le agregó música, efectos de sonido y diálogo, sin tener en cuenta el contrato firmado con la marca oriental para no hacer cambios sustanciales. Según comentó, cuando le recriminó esto a un ejecutivo de la empresa americana, lo castigó con “el tipo de latigazo verbal que hace llorar a los hombres adultos“.

Si tenemos en cuenta el tiempo invertido, el notable trabajo artesanal y la protección que Studio Ghibli le otorga a cada una de las piezas de su filmografía, es desolador leer la injusticia de que alguien ajeno y poderoso realizó cambios sin aprobación previa para sus intereses propios. La realidad es que, en la actualidad -a dos años de haber perdido la totalidad de los derechos de los relatos nipones-, The Walt Disney Company se convirtió en una marca de excesiva fuerza. Al haber logrado capturar a la mayoría de sus competidoras (con Marvel, Lucasfilm y Fox en su haber), se volvió una maquinaría imposible de frenar o siquiera contradecir. Las memorias de Alpert son un recordatorio de lo peligroso que pueden ser los monopolios en la industria del entretenimiento, a nivel nacional e internacional, y sobre todo para productos independientes o de nicho.