La década de 1980: ¿por qué Hollywood se obsesionó con las películas de terror con hombres lobo?

Conocé el motivo detrás del paso de esta criatura fantástica por la gran pantalla.

Un Hombre Lobo en Londres

Desde su concepción, diversos monstruos pasearon por el cine. Con todo tipo de historias, formas, colores, texturas y tamaños, la industria del entretenimiento le concedió a la audiencia acercarse a aquellas figuras míticas que ahondaron por los libros más conocidos y antiguos. Por supuesto, los mayormente reconocidos son los concebidos por Universal Pictures durante su etapa de exploración entre dichos personajes, misma de la cual surgieron las películas originales del Conde Drácula, Frankenstein y el mencionado en cuestión, en 1931. Sin embargo, tiempo después, el licántropo volvió a adueñarse de las salas de exhibición. Y aunque su popularidad se dio por un factor monetario, el cambio en las masas a nivel social y cultural fue principalmente el elemento clave de su regreso.

Con la llegada de los efectos especiales modernos, estas criaturas fantásticas vivieron una nueva ola de vanguardia que revitalizó al monstruo para un grupo demográfico más expuesto a actitudes cambiantes sobre el sexo y la honestidad en la madurez física. En cierto modo, dicho renacimiento fue el resultado de una extraña convergencia entre ideologías conservadoras y un despertar sexual en la cultura estadounidense. Mientras Ronald Reagan intentaba imponer valores tradicionales centrados en el libre mercado y la familia estándar, la cultura pop se encontraba en plena exploración. Artistas musicales como Prince y Madonna se quejaban en el micrófono sobre sus experiencias en la intimidad, las comedias para adolescentes y los thrillers eróticos rompían tabúes en todas las salas de cine. Además, el género también ayudó a que su auge se propague: los vampiros eran inesperadamente sensuales, los asesinos buscaban a quienes se atrevían a participar en actividades carnales prematrimoniales, y David Cronenberg profundizaba en su tipo psicosexual de horror corporal.

A pesar de la influencia de estas historias, los Hombres Lobo fueron quienes representaron mejor los cambios de la década. Sus transformaciones podían traducirse en un análisis conceptual como el reflejo de las cambiantes actitudes y perspectivas de la audiencia. Entre los largometrajes que se estrenaron en aquel periodo, destacan varias películas, dos de las cuales se convirtieron en auténticos clásicos y establecieron un nuevo estándar audaz para el resto de la era. “Un Hombre Lobo Americano en Londres”, dirigido por John Landis, hizo muchas referencias al clásico de Universal, pero a la vez, logró una nueva imagen del personaje; mientras tanto “The Howling”, de Joe Dante, también ayudó a lanzar a la criatura directo hacia el podio preferente de los consumidores. Si dejamos de lado aspectos técnicos, ambos casos mostraron cómo este tipo de relatos se dirigían directamente a la audiencia, al presentar una incógnita sobre la identidad. La licantropía funcionó como una especie de metáfora del trauma que atraviesan estos personajes, mientras que las experiencias sexuales preceden a las transformaciones bestiales.

Por supuesto, no todas las cintas del calibre se enfocaron en transmitir este análisis. “Wolfen” (1981) se ocupó de la identidad cultural y el conflicto de clases, “Silver Bullet” (1985) introdujo la religión y “The Company of Wolves” (1984), se basa en las mujeres de los mitos de hadas. A pesar de que, en la actualidad, ubican a jóvenes atractivos bajo la piel de los monstruos tradicionales, las películas sobre estas criaturas demostraron ser un espacio para contar este tipo de narrativa en el ámbito del terror. Al final, tal vez estas figuras bestiales son una representación acertada de los humanos.