La triste historia de Drew Barrymore: alcohol, drogas y problemas parentales

La intérprete se hizo conocida en “E.T.” y luego, participó de obras como “Scream”, “Never Been Kissed” y “Los Ángeles de Charlie”.

Drew Barrymore

Una de las actrices más populares en el género de la comedia romántica es Barrymore, quien conquistó al mundo con su carisma y capacidad de interpretar. Pero… así como se la veía tan fresca y auténtica, detrás de cámaras, era todo diferente. Las adicciones a las drogas y al alcohol a temprana edad hicieron de su vida un calvario. Y eso no se notaba en la pantalla, pero sí repercutía en el día a día de la artista.

Todo comenzó cuando era apenas una niña. A sus ocho años, mientras su madre estaba atravesando el divorcio de su padre, Drew fue llevada por su progenitora a fiestas. Su entorno estaba lleno de adultos, lo que la incitaba a hacer cosas de mayores: a sus nueve años, la intérprete había comenzado a tomar cerveza y a fumar cigarrillos. A los once, consumía cocaína y marihuana.

“Nos desmayábamos y nos quedábamos dormidos en el balcón durante horas, y después nos despertábamos con dolores de cabeza monumentales por la combinación del alcohol y de haber estado acostados al lado de los parlantes”.

Drew Barrymore para Little Girl Lost (1990).

Su situación se agravó, al punto de tener que asistir a rehabilitación a sus doce años. Pero luego de haber estado en la institución, siguió teniendo una serie de actos rebeldes: viajó desde Nueva York hasta Los Ángeles con la tarjeta de crédito de su madre (que se la había robado); condujo un BMW con una amiga bajo los efectos del alcohol y las drogas; y fue fotografiada por paparazzi protagonizando diversos hechos bochornosos.

Luego de esto, su madre volvió a internarla, pero esta vez por 18 meses. “Eso me dio una disciplina impresionante. Fue como un entrenamiento militar y fue horrible, oscuro y largo… pero lo necesitaba”, confesó tiempo después.

Finalmente, pudo recuperarse e independizarse de su familia para poder avanzar, seguir adelante. Perdió el contacto con sus padres y rehízo su vida a sus 14 años.  “No le guardo rencor porque me gusta quién soy. Y para eso fue necesario cada paso del camino”, explicó Barrymore.

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