La verdad detrás de los villanos de “American Horror Story”

Ya con la décima temporada cerca, te invitamos a analizar el lado más profundo de la famosa serie.

American Horror Story

Desde 2011, este espectáculo de antología de terror presentado por el reconocido Ryan Murphy, exhibe excéntricas historias que mantienen un equilibrio entre el drama, la sátira y una característica perturbadora que lo llevó hasta la cima. Sin embargo, a pesar de que algunas de las entregas se deslizaron por la ficción y fantasía, hay un detalle que es real y pocos resaltaron: el hecho de que, más allá de lo sobrenatural, las mayores entidades malignas suelen decaer en la atroz naturaleza humana, otorgándonos una mirada extravagante y violenta a diferentes elementos del género de terror.

A pesar de haberse mantenido casi una década al aire, lo único predecible de este peculiar show es su elenco. “American Horror Story” es un programa cuyos lanzamientos pueden comenzar como un thriller de asesinos en serie y terminar con secuestros alienígenas, monjas poseídas y un Papá Noel asesino. Pero, como mencionamos anteriormente, hay una constante que se repite: el antagonista. Esto se debe a que, por increíble que parezca, las tramas se basan en conflictos humanos sobre cuestiones sociales y culturales relevantes para el mundo real. Como resultado, muchas de sus figuras más monstruosas son humanos seriamente desequilibrados que suplantan a las criaturas literales. Continuá leyendo para conocer más sobre este interesante universo, planteado por Cathal Gunning (vida ScreenRant).

En la mayoría de las temporadas, los villanos son humanos porque las historias tienen sus raíces en conflictos interpersonales. Por ejemplo, la hermana Jude en “Asylum”. Aunque, en dicha entrega podemos percibir una gran cantidad de personalidades paranormales, la mencionada es una persona común que domina y abusa de su posición para dañar a los que trabajan por debajo de ella, así como a los pacientes bajo su cuidado. Ella se mantiene a la sombra de la heroína, Lana Winters (Sarah Paulson), negándose a reconocer los demonios que la rodean, las abducciones alienígenas que ocurren a su alrededor, los zombis experimentales que deambulan por los terrenos y los fantasmas plagando su asilo. Este personaje llega a representar una amenaza más real que cualquiera de estos monstruos fantásticos. Su autoridad constantemente subrayada impulsa la trama, logrando que el espectador se sienta mucho más realista, identificado e involucrado.

Continuando con esta lógica, podemos argumentar que la humanidad le da a algunos de los villanos de AHS una ventaja comprensiva. Para mantener a la audiencia interesada, esto debe ser así. Desde el inicio (con “Murder House”), se recalca que el programa se esfuerza por dar sentido a lo que impulsa a las personas “normales” a cometer actos malvados. Cuando Constance (Jessica Lange) asesina a su esposo y a su amante, envenena a sus vecinos, abusa de su hija y sigue criando al Anticristo, se la trata como una antagonista. Pero a la vez, también como a una víctima de circunstancias trágicas, conducida al mal por las injusticias de la vida. Esto nos lleva nuevamente hacia el mismo resultado: los conflictos más potentes tienen su origen en problemas interpersonales verosímiles de la cotidianeidad, como familias arruinadas y matrimonios infelices. Estos detalles realistas y comprensivos sirven para fundamentar los elementos más extremos (como el mencionado Anticristo).

Por otro lado, la serie le pide a los espectadores que dejen de mirar más allá de los “monstruos” explícitos y tengan cuidado con las amenazas de la vida real, que a menudo son difíciles de diferenciar. “American Horror Story” advierte sobre la confianza en la normalidad. Materializar esta idea es algo que podemos notar especialmente en “Cult”, donde la antología abandona lo paranormal casi por completo para contar una historia cuyo objetivo se mantiene en esa ideología. Kai Anderson, un holgazán inmaduro y con mucho resentimiento, pasa de un origen desfavorable a convertirse en uno de los antagonistas más aterradores del programa. El personaje usa su culto epónimo enmascarado de payaso para representar una serie de asesinatos repugnantes, provocando histeria y asegurando que una población aterrorizada lo impulse al poder político. Esto es inquietantemente creíble y, por si fuera poco, Murphy usó hechos reales de fanáticos letales para agrandar la escritura satírica de la temporada. Al cometer las mismas atrocidades de las que advierte a su público, Kai representa la hipótesis en cuestión: los seguidores del show deberían pasar menos tiempo preocupándose por los monstruos literales del mundo sobrenatural y paranormal, y dedicar más atención a lo real, a aquellos humanos escondidos a plena vista.

Cabe destacar que esta lógica está avalada por un hecho que se mantiene en la industria del entretenimiento: a pesar de que Hollywood se encuentra desbordado de caracteres fantásticos (de todos los tamaños, formas y colores) con historias espeluznantes, el mayor terror que persigue a los espectadores por las noches, usualmente, es aquello que puede ser real. El miedo más fuerte cae en lo humano y natural, incluso aunque no puedan percibirlo a simple vista.