¿Por qué las series son cada vez más cortas?

Cómo cambió el modelo de consumo y sus consecuencias en la industria.

gambito de dama

Al momento de iniciar un clásico de la pantalla chica, hay un diferencial que el usuario al instante nota: la cantidad de episodios. ¿Quién no sintió pereza al ver que una temporada sobrepasaba los 10 capítulos? Esto es un efecto de las nuevas generaciones. Anteriormente, los programas de televisión gozaban de una extensión dividida en, generalmente, no más de 25 partes. “Prison Break”, “Friends”, “Los Soprano” y “Lost” son solo algunos ejemplos de aquellos títulos que suelen recomendar para ver de forma casi obligatoria, pero que pocos llegan a disfrutar debido a su longitud. Ni hablar de dramas médicos como “Grey’s Anatomy” o “House”. ¿Qué produjo la evolución de la manera de ver contenido?

En la actualidad, las historias tienen que cumplir con la norma de poder encajar en 10 episodios o menos. Principalmente, por tres motivos: la falta de tiempo, la ansiedad y el avance de la tecnología. La llegada de la posmodernidad vino acompañada de una gran transformación en la sociedad. El público que maneja el mercado se centra en los jóvenes, que viven apurados y no tienen tiempo para mantenerse conectados durante 25 horas. No solo porque priorizan su estresante crecimiento, sino también, porque se dispersan rápido.

Es un periodo donde todo es efímero, los productos duran poco y se avanza hacia la siguiente novedad. Capturar la atención de un usuario es el mayor desafío para las empresas, que luchan entre sí en un remolino de información que únicamente genera una mayor descentralización. En este proceso, entran los nuevos dispositivos, que permiten que los consumidores puedan acceder a diferentes propuestas en cualquier espacio donde les toque su momento de ocio, ya sea desde el celular en el transporte público o con sus computadoras portátiles mientras almuerzan. Y dado que el tamaño de la pantalla junto con la comodidad del sillón del hogar cambió, de la misma forma se modificó el material: se pasaron de conversaciones largas y planos extensos con relevancia en el espacio, a un ritmo más acelerado que permitió que se acorte el relato. Esta necesidad de inmediatez en la que se sumergió el mundo, creó a una audiencia poco exigente que goza de algunos minutos de entretenimiento, y nada más.

Un factor desencadenante e imprescindible de destacar, es el ‘efecto Netflix’. La imponencia de la principal plataforma de streaming en el mundo y su evolución permitió que sus suscriptores (203.66 millones en la actualidad) accedan a las historias a cualquier hora y en todo lugar (lo que conecta con lo mencionado previamente). Además, son los dueños del sector televisivo quienes marcan las tendencias y dominan el formato. Sus shows no necesitan relleno ni cumplir con un contrato de meses de emisión. De esto, pueden surgir relatos olvidables que jamás hubiesen podido ser rentables durante 25 episodios, y grandes obras que aprovechan su poca duración. Ubíquese en una o ambas categorías (por subjetividad), algunos ejemplos son “Stranger Things”, “Dark”, “Bridgerton”, “Emily in Paris”, “Sex Education”, “You” y “The Queen’s Gambit”, entre otros (o “Game of Thrones”, “Big Little Lies” y “True Detective” en productoras ajenas).

Este impacto se puede ver en series, fuera o dentro de la gran N roja, que redujeron su extensión a medida que avanzaron sus temporadas (como son los casos de “This is Us” y “House of Cards”). En comparación, Borja Terán describe una estrategia especial que utilizan en su tipo de modelo de consumo: “La plataforma decide compartir todos los episodios de golpe, pero para alcanzar la fidelidad del público también es importante la periodicidad. Si no la tienes de capítulo a capítulo, como lo hacen Disney+ o HBO, Netflix busca otra periodicidad. ¿Qué hacen entonces? Hacen más cortas las temporadas de las series y así, esta periodicidad la hacen de temporada a temporada. Ellos hacen creer que suben todo de golpe, que sí lo hacen, pero distribuyen la evolución de la serie partiendo las temporadas”.

Refiriéndose a un aspecto cultural, agrega y sintetiza: “Es un modelo de negocio que puede afectar de forma negativa a la industria. Al ser temporadas más cortas, tienen menos posibilidades de invertir en más productos porque no pueden encadenar producciones. Ahora creemos que se están produciendo más programas que nunca, pero en realidad no se están haciendo con tanta fuerza como antes”.