Woody Allen reveló lo que significó el movimiento #MeToo para él

“No ha tenido ningún efecto en mí”, comenzó el director.

Woody Allen

Habiendo iniciado su carrera en el cine a mediados de 1960, logró recolectar en su repertorio más de 40 títulos, ganándose un espacio en la industria del entretenimiento como una figura imprescindible, y en el corazón de los cinéfilos que apoyaban su estilo. Hasta 2017, cuando, tras seis décadas de respeto y adoración, su persona se revirtió en una imagen negativa, por las acusaciones de abuso sexual hacia Dylan Farrow durante su infancia. Previamente a ello, ya había sido perjudicado por sus acciones: en 1992, su ex novia Mia Farrow inició un juicio contra él cuando descubrió que tuvo relaciones sexuales con su hija adoptiva, Soon-Yi Previn. “Nunca he vivido con Mia. Nunca en toda mi vida dormí en su departamento y nunca solía ir allí, hasta que llegaron mis hijos hace siete años. Nunca tuve cenas familiares allí. No fui padre de sus hijos adoptivos en ningún sentido de la palabra”, argumentó Allen como defensa en aquel entonces, para Time Magazine. Luego de ello, se casó con la surcoreana en 1997 y aún viven juntos, con sus niños adoptados.

Desde lo sucedido con Previn, incluyendo las acusaciones por la hija de Farrow, el camino del cineasta se ha visto afectado por el rechazo del público y los estudios que optan por no trabajar con él. Si bien continuó realizando películas (siendo su última obra “A Rainy Day in New York”, protagonizada por Timothée Chalamet, Elle Fanning y Selena Gómez), no volvieron a tener nunca el mismo apoyo ni la misma repercusión. Ante esta diferencia, El País le preguntó en una entrevista cómo se sentía, por la forma en la cual el feminismo había afectado negativamente su trabajo y filmografía. En respuesta, Allen no mostró mucho interés:

“En teoría, tienen toda la razón. Pero, en la práctica, no ha tenido ningún efecto en mí. La editorial rechazó mi libro, pero 15 minutos después tenía otra que estaba dispuesta a publicarlo. Amazon me dio la espalda, pero pude rodar otra cinta poco después. Todo eso no me ha impedido seguir trabajando ni que la gente siguiera viendo mis obras. Es cierto que algunos actores me dijeron que no querían trabajar conmigo en ´Rifkin’s Festival´, la película que rodé en San Sebastián. Pero no pasó nada, simplemente encontré a otros. Si nadie quisiera trabajar conmigo y nadie quisiera ver mis películas, tal vez me afectaría. Pero eso no es lo que ha sucedido. Cuando eres inocente, esas cosas no te importan. Era un sinsentido que alguien creyera que había hecho algo así a mi hija de siete años. Si todos los hombres se hubieran comportado como yo, el #MeToo ya habría alcanzado sus objetivos”, admitió el comediante.

Parece ser que, aunque a él no le afecte, la realidad es que pasó de considerarse como uno de los directores más reconocidos y queridos del mundo, a ser visto como una persona no grata para la sociedad, que ha optado por no separar a la obra del artista.

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